24/06/2026
Gustav Klimt utilizaba el oro como otros artistas utilizan la luz.
No para mostrar riqueza, sino para revelar aquello que consideraba sagrado: el amor, la belleza, el deseo, la memoria.
En sus manos, el oro dejaba de ser un metal precioso para convertirse en emoción, en símbolo, en eternidad.
Quizás por eso seguimos sintiendo algo especial al contemplar sus obras. Porque nos recuerdan que hay sentimientos tan valiosos que merecen ser transformados en arte.