03/05/2026
Esta es mi cara de madre entrando en el taller.
Madre de Ginger, una gata de casi 18 años con demencia que a veces se pasa la noche maullando porque se siente perdida y otras noches necesita hacerse un ovillo en el espacio entre el hombro, cuello y cabeza. Madre de Gato, un gato que se vuelve loco con las gomas de pelo. Madre de Ó y M, que junto a Marido (que no es marido) me tienen haciendo músculo todo el día a base de calistenia emocional. Y bien se sabe, que cuando una entrena, descubre músculos que no sabía que existían . Hija de madre y familia castellana, (más calistenia emocional) a la que ayer di un abrazo más largo y más.. más. Y fue la primera vez desde hacía mucho tiempo que sentí que no necesitaba que ella entendiera las cosas como yo las entiendo. Que podía hacerlo dejando mis ññññññ descansar un rato.
Madre en una casa que la mayoría del tiempo está “patas arriba”. Madre de Ginger & Velvet, otra hija, que no es hija, que a veces es mi madre y yo su hija. Y que a veces también está patas arriba. Que me deja quejarme a través de las piezas, soltar toooooodo el cansancio, el dolor, el amor, el cariño, la tristeza, el optimismo, la lucidez, las miserias y los descosidos de mi vida.
A veces siento que las letras de madre se diluyen, se escurren; porque no llego a donde tendría que llegar en ninguna de mis maternidades, a pesar de la entrega constante, el esfuerzo, el desgaste, la falta de horas, la falta de sueño, la falta de equilibrio, el cansancio supremo… Sin embargo, cuando paro y soy capaz de mirar con perspectiva, mis maternidades me parecen de una belleza sublime.
Feliz día madres.