09/06/2026
Muchas mujeres aprendieron a hacer milagros con lo que había.
A estirar el dinero, a resolver la comida, a comprar lo necesario, a que nadie notara tanto la falta.
Y mientras todos tenían algo, ellas iban aprendiendo a necesitar menos, menos ropa, menos descanso, menos ayuda, menos disfrute, menos vida propia.
No porque no quisieran, sino porque alguien tenía que quedarse al final para que todo funcionara.
Y crecimos mirando eso creyendo que así se amaba, pero también era cansancio, también era renuncia, también era una mujer olvidándose de sí misma para que a los demás no les faltara nada.
Por eso, a veces, cuando algo es para nosotras, no sabemos cómo recibirlo.
Se siente como culpa, como deuda, como si tuviéramos que justificarlo, como si elegirnos fuera quitarle algo a alguien más.
Y no hablo solo de comprar cosas. Hablo de recibir cuidado, recibir ayuda, recibir descanso, recibir amor, recibir una vida donde tú también estés incluida.
Porque a muchas nos enseñaron a dar con las manos abiertas, pero no nos enseñaron a tomar sin sentir vergüenza.
Y tal vez por ahí empieza una forma distinta de vivir, cuando puedes recibir algo bueno sin culpa, sin deuda y sin sentir que le estás quitando a alguien más.