19/07/2025
51 años.
Una vida contada por sus pliegues. No es una celebración, sino una interrupción: he vivido cinco décadas e inicio la sexta: 17 libros, 13 discos, 2 maestrías, 1 doctorado, 27 generaciones de comunicólogos formados en 3 ciudades diferentes, 1 posgrado pionero en humanidades digitales, 1 editorial de ebooks cuando nadie hablaba de ellos, 10 colecciones de joyería, varios cargos entre lo público y lo privado, pero ninguno más importante que escribir con libertad.
Acá mi autorretrato en seis instantes:
1975
Una criatura barroca con pantalones de pata de gallo y un trono rodante. Ya desde entonces el ornamento era un manifiesto y el juego una disidencia.
1985
Gafas oscuras, cadena al hombro, mirada oblicua. Aprendí que se puede ver sin ser visto. Lo performativo se convirtió en un refugio y la identidad en una lente.
1995
Rasurado, sonriente, casi adaptado. La década perfecta para fingir espontaneidad. Ese yo juvenil que entendía su normalidad como un exilio discreto.
2005
El espejo devuelve una máscara sobria. La ceja levemente alzada, el gesto contenido. Ya no intento gustar sino observar.
2015
El cuerpo. Una mueca. Finalmente la intemperie se habita sin pudor. Comienzo a aceptar que la erosión también es forma.
2025
Aquí sigo. Más denso. Más libre. Más mío.